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martes, 22 de octubre de 2013

“GRUPOS COMERCIALES: EMPRESAS MUSICALES”

 Hoy copiamos y pegamos el texto de demokrazia zero (aupa majos) en respuesta a un articulo del vocalista de chicos del maiz en kaosenlared.



 RESPUESTA A “SKA-P Y EL FETICHISMO DE LA DERROTA”
Hace unos días Nega, vocalista de Los Chikos del Maíz y Riot Propaganda, publicaba en Kaosenlared un artículo que titulaba “Ska-p y el fetichismo de la derrota”. A priori, teniendo en cuenta que su autor parece adicto a protagonizar “peleas de patio” online, sería conveniente ignorar el tema, pero el problema en dicho texto no es la alabanza a Ska-p sino la crítica y burla que ejerce contra el circuito anticomercial a través de un acostumbrado panfletismo pseudointelectual. Antes que nada, cabe destacar que este texto no pretende abordar cuestiones de estilo, calidad musical etc. sino de gestión. Vamos a comprobar cómo aquí no hay más fetiche que el que algunos tienen por el dinero y la egolatría.
Ska-p es un espejo en el que se ve reflejado Nega y por el cual pretende justificar su falta de coherencia entre los mensajes de sus letras y la gestión que hace de su actividad musical. Escoge al grupo madrileño, además, como el ejemplo más claro en el panorama musical estatal de traspaso de límites morales para lucrarse. Al lado de un grupo fichado por la colosal multinacional SONY, Los Chikos del Maíz o Riot Propaganda pueden parecer incluso humildes. Estos últimos, tan revolucionarios que hasta lanzan su disco en descarga gratuita por Internet, claro que quizá a alguien se le escape el insignificante dato de que luego cobran miles de euros por concierto… eso multiplicado por los más de 20 que ha habido en la gira de Riot Propaganda ¿no roza la acumulación de capital?
Cobrando a cientos o incluso millares de personas más de 10€ por una mísera hora de actuación (más caro que el cine), y ahora que tanta transparencia se exige a organismos públicos, sería lógico que también justificaran ese dinero que se están llevando las empresas musicales. Claro que así quedaría al descubierto el inmenso desajuste precio-coste del que se están aprovechando.
Analicemos a continuación algunas de las falacias en las que se apoya Nega para justificar a las empresas musicales “anticapitalistas”:
Si triunfas es porque eres una pieza más del engranaje capitalista, claman los obtusos que no se dan cuenta de que, para vencer hay que triunfar […]. Y para triunfar se necesita el apoyo de las multitudes. Nadie puede triunfar o vencer siendo cuatro”.
La idea fundamental que contiene el artículo de Nega es la mofa hacia los grupos “que no llenan” y que, según el autor del artículo, por tanto no pueden vencer. No se da cuenta de que tal falacia podría ser igualmente aplicable a la ideología política: el marxismo ortodoxo en el estado español actualmente es residual, no mueve masas, es cuasi utópico, por tanto ¿no sería más “efectivo” apostar por la socialdemocracia? ¿No habría que asumir que es mejor o, simplemente, conecta más con la gente?
“Si tienes un grupo y tu grupo toca en un local para cincuenta personas y Ska P la peta en un estadio para 50.000, tienes dos opciones. La primera es asumir que ellos son más buenos o que, simplemente, saben conectar mejor con la gente, no pasa nada si tu grupo es minoritario o underground”.
La visión de Nega de la música se puede comprobar que es reducida y muy pobre. Impregnado del modelo de vida capitalista, presupone que el objetivo de todo músico es triunfar (entendiendo triunfo como fama y dinero y no como autorrealización o hacer de la música algo digno), lejos de cualquier otra meta como diversión o aprendizaje. En el discurso triunfalista de este artículo el fin además justifica los medios (lo único importante es llegar a las masas) y en este punto Nega presenta hábilmente invertido su orden de preferencias: habla de usar los mecanismos capitalistas para hacer la revolución, cuando en realidad las empresas musicales lo que hacen es lanzar mensajes revolucionarios de fácil calado para lanzarse a la fama y al lucro.
“Yo lo que sé es que Ska P han tocado por la cara para Bukaneros, para los mineros, para el SAT… y que tú no”.
El argumento que más suele emplearse para defender a los grupos vendidos es que “han tocado para nosequé causa… dieron la recaudación de un concierto para nosecuál”. He aquí la mayor estrategia de puro marketing de las empresas musicales. Al igual que la estrella de fútbol que cobra en un día lo que tú en toda tu vida y sale en todos los medios porque ha hecho una donación a cierta ONG (que en realidad no repercute nada en su millonaria economía), dar un concierto gratis de cada diez revierte a la larga más dinero porque sirve para recuperar la popularidad y reputación que se ha perdido por la falta de coherencia. Las interesadas nobles causas de grupos como Ska-p se traducen luego en más ventas, mayor alcance, etc. Son, por descontado, causas de moda, temas reivindicativos que están en el tintero para que les pueda llevar a portada, olvidándose de aquellos pequeños colectivos que llevan su modesta pero importante lucha día a día.
“Me alegro de que un grupo con mensaje triunfe, nos conviene, nos interesa”.
Nega sabe muy bien de qué clase es. Y no nos referimos a la proletaria sino a aquella que ha sabido hacer de la revolución un negocio. Este artículo podría resumirse como un vendido que patrocina a otro. Hasta ahí de acuerdo, en el fondo es lógico. El problema es que, para defender lo insostenible, Nega ataca a aquellos que siguen creyendo en lo que cantan. Según él, quienes llaman a Ska-p vendidos…
“…no son de izquierdas, son neoliberales encubiertos, pues sólo creen en sí mismos y en su ego”.
Típica acusación que deja entrever su carencia de argumentos: Si me llevas la contraria, eres un neoliberal/fascista/heterodoxo/etc. Personajes como Nega, no muy apropiados por cierto para recriminar excesos de ego, tratan de ensuciar la imagen del movimiento musical anticomercial rebajándolo a una panda de costras o fracasados para así limpiar la suya propia.
En un contexto sociopolítico de delegacionismo y falta de compromiso no es difícil digerir la línea posibilista que en el mundo de la cultura defienden algunos músicos “militantes”. El quid de la cuestión es que formaciones musicales como Los Chikos del Maíz se mantienen con un pie a cada lado: defendiendo una revolución total pero siguiéndole el juego al capitalismo en lo que les afecta de verdad. En vez de luchar desde ahora en todos los frentes, aplazan la revolución musical. Como el error del movimiento obrero del XIX con el feminismo: “es importante pero la igualdad ya llegará con la revolución socioeconómica que es donde hay que volcar todas las fuerzas”.
“Luego escarbando un poquito, descubres que los que más ferozmente critican, resulta que tienen un grupo o están en un grupo, o estaban en un grupo. O son amigos del bajista de Feliz saque de banda que sólo toca en okupas. Entonces todo cuadra”.
Este irónico intento de desacreditar busca anticiparse a la mayoría de críticas que le van a llegar obviamente por parte de gente vinculada a la cultura. Y es que resulta que igual precisamente por tener un grupo o haberlo tenido, esas personas son mucho más conscientes de que hay otras formas de gestionar su actividad musical sin tener que renunciar a sus principios más básicos.
“Deberíamos alegrarnos de que un grupo con ese tipo de letras suene en todas las verbenas de los pueblos”.
Tal vez sí que haya alguien que se enorgullezca al escuchar Ska-p en verbenas, a nosotros personalmente nos produce náuseas oír cantar el vals del obrero a pijos y fachas, principalmente porque demuestra asimilación; Cuando el sistema te asimila y suenas en discotecas, te cantan los niñatos de derechas, etc. ya has perdido todo tu peligro y solo eres una pieza más de la que sacar rentabilidad. Ya solo supones una amenaza para el propio movimiento popular porque siembras la confusión, las ideas revolucionarias se convierten en una mercancía más con la que traficar.
Y esa es la principal cuestión. La gente no critica a Ska-p porque llene estadios, se les reprocha que los llenen prostituyendo sus ideas. No les odian por ganarse la vida como músicos, les chirría que vendan la revolución a multinacionales. No puedes lucrarte aprovechándote del sistema contra el que estás arremetiendo. Lo curioso es que muchas de estas formaciones musicales deben en gran parte el hueco que se han hecho en el panorama musical mainstream a la compenetración del público con sus mensajes y que luego han traicionado a la primera de cambio.
Luego están las vías que usan para ser tan conocidos. Es como hablar de McDonald´s y el bar debajo de tu casa que hace hamburguesas caseras; obviamente el primer caso, estando inmerso en el mercado capitalista y empleando estructuras macroempresariales, tiene un alcance mucho mayor y una clientela fiel, aunque su comida sea putrefacta. Sin embargo la filosofía de las empresas musicales como Ska-p o Los Chikos del Maíz antepone el grado de difusión a los medios comunicativos mediante los que se consigue.
“¿Ska P llenan? Vendidos. ¿Korazón Kostra o Feliz saque de Banda no llenan? Es que son auténticos”.
Pongámonos en el lugar de Nega, desde el cual lo importante es llenar. Aun así no está justificada su posición ya que, al menos en Euskal Herria, tenemos cantidad de ejemplos de que se puede funcionar de otras formas más adecuadas al espíritu combativo de un grupo y a la vez llegar a la gente. En un par de meses se despide una banda emblemática, El Trono de Judas, que en casi 18 años de andadura se ha convertido en uno de grupos (a todos los niveles) de referencia por aquí y conocidos por todo el estado y al otro lado del charco. Existe una amplia red de distribuidoras anticomerciales que va aumentando y permite a las formaciones musicales producir y editar su material y lograr una buena difusión. La Sorgin Gaua cumple este año una década de festivales anticomerciales a los que acude una media de un millar de personas.
Parafraseando como Nega a Evaristo Páramos, sí que compartimos que hay grupos que ya nacen vendidos, y si todavía no se hacen de oro es porque no han tenido la oportunidad. Observemos el caso de Los Chikos del Maíz. Cuando tocaron hace cuatro años precisamente en la Sorgin Gaua, no estaban en ningún sello discográfico pero su actitud los delató. Primero dieron el pelotazo de turno hacia las masas con un comunicado solidario tras el ataque policial que sufrimos esa misma semana en el gaztetxe de Zizur (lo cual nos parece bien quitando la alusión a las drogas, que como comprobaron aquí no es costumbre facilitarlas desde la organización):
“Tocaríamos antes en el Sorgin por un catxi de vino y dos tiros de ariel bilbaíno, que en un acto de las juventudes socialistas por todo el dinero de los fondos reservados que financió a los GAL”
La cosa es que una vez llegaron por su parte en vez de solidaridad solo tuvimos quejas, exigencias de condiciones no acordadas previamente, y por lo único que se interesaron fue por el dinero. No es extraño que haya grupos que se aprovechen del circuito anticomercial para lanzarse a la fama, y cuando la alcanzan se ven amenazados por esas bandas que, si bien todavía no son conocidas, hacen lo mismo que ellos pero de forma coherente y honrada. Esta respuesta de un miembro de Betagarri en una entrevista concedida al blog musical SkankinSounds evidencia la animadversión de los empresarios musicales hacia una cultura libre, accesible y popular:
-“¿Cómo ves el panorama de bandas locales?”
-“Yo creo que nunca ha habido tantos grupos como ahora, pero eso no es ni bueno ni malo. La verdad es que el mundo de la música es un mundo al que se accede muy fácil pero que no te exige nada. Hay grupos que surgen, dan algo de guerra un rato y se separan, y tocan gratis, en malas condiciones… y eso indudablemente es perjudicial para los grupos de música que trabajamos en ello”.
Es cierto que el término vendido se usa muy a la ligera, pero eso no quita para que sea adecuado en ciertas ocasiones. Un ejemplo son Los Chikos del Maíz, que en aquella época en la que todavía cantaban “y sigo sin pasta, sin carro, sin grabar en estudios caros” eran expertos en dar patentes de vendidos a diestro y siniestro:
-“Y Bebe una oportunista, no una feminista rebelde”
-“Yo no doy letras, doy mítines. Nach y la SGAE sacan la pasta a los chavalines”
-“Lo único que vendiste fue tu culo en un sello/ el hip hop se muere ¿sabes cómo? A golpe de talonario”
-“¿Habláis contra el capitalismo en canciones con sudaderas de 20 talegos?”
Cabe señalar que los otros componentes de Riot Propaganda, Habeas Corpus, son socios de la SGAE. Eso sí, luego son los primeros en criticarla, lo cual, al igual que el bolivarianismo de Ska-p que tanto ha maravillado a Nega, es solo un ingrediente del amasijo ideológico con miras oportunistas de estas bandas. Conociendo muy bien lo que su audiencia quiere oír, saben acogerse a cualquier expresión populista a cambio de fama. Los propios Chikos del Maíz, que en tiempos cantaban “yo no pongo mi culo a asociaciones xenófobas como la SGAE” registran ahora sus obras en la dicha sociedad:
lcdmsgae
“Un grupo[…] que trasciende los marginales círculos de izquierda, que tiene videoclips en youtube dedicados a los paramilitares colombianos o denunciando el drama de los niños soldados con más de cuatro millones de visitas”.
Mucha gente respalda a Ska-p (o grupos del estilo) porque “gracias” a ellos han descubierto luego la música combativa, la ideología anarquista, etc. Quizá en la burbuja burguesa en la que viven esas personas, acceder al pensamiento revolucionario solo sea posible a través de estribillos pegadizos. Para el resto del mundo no creemos que sea estrictamente necesario escuchar Ska-p con 12 años para percatarse, a través de la vida diaria (violencia policial, represión, persecución política, paro, desahucios, desigualdad…), de que algo va mal y hay que cambiarlo. No negamos que la música sea un medio óptimo para, en un determinado momento, popularizar o solidarizarse con algo, pero si el propósito es cambiar el mundo moviendo masas, hay mejores métodos. Y precisamente por esa condición de potencialidad de difusión, y por el hecho de ser una expresión cultural valiosísima, es por lo que debemos cuidar la música como algo popular y no contribuir a que caiga en las garras del capitalismo.
Sentimos si esta respuesta da pie a que algún empresario musical vea en ella un pretexto ideal con el que saciar su sed de ciber-broncas, no es nuestra intención enzarzarnos en una interminable disputa dialéctica contra lo injustificable, simplemente queríamos acercar a la gente otra visión de la música y nos damos por satisfechos si logramos que al menos una persona se plantee realmente si, como afirma Nega, por derrotismo debe entenderse el no triunfar en unas estructuras capitalistas y criticar a quien las usa llevando caretas de revolucionarios.
“TODOS ESTAMOS VENDIDOS AL CAPITAL, es el principio, el núcleo, la regla del juego bajo condiciones capitalistas de producción. El que no dispone de medio de producción vende su fuerza de trabajo”.
Es verdad que ser al cien por cien coherentes con la causa anticapitalista en la sociedad en que vivimos es casi imposible. Pero hay que valorar la actitud. Y si en las cosas que de verdad te importan e interesan -en este caso la música-, si es tu fuerte y por tanto la actividad en la que más capacidad tienes de transformar el sistema vigente, sin embargo sucumbes a los engranajes capitalistas y además criticas las alternativas que no sin pocas dificultades se están creando frente a ese mercado musical, eso sin duda sí es una derrota. Y entonces poco se podrá esperar de ti para transformar el resto del sistema.

-DEMOKRAZIA ZERO-

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